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Ketman

¿Aparentas? o ¿eres?


¡Si algún día te digo Ketman!, o ¡eres un Ketman!, me refiero a que eres un farsante, me refiero a que tienes uno de los peores liderazgos que yo conozco, un LIDERAZGO SIMULADOR.

Hay dos niveles profundamente diferenciados de Liderazgo: Liderazgo simulador y Liderazgo Inteligente.

Sus diferencias son radicales, el primero pertenece a un liderazgo profundamente mediocre, o peor aún, liderazgo idiota.

Me explico:

Ketman fue un personaje persa que logró engañar a los musulmanes haciéndoles creer que él había abandonado sus creencias y que había adoptado el islam como su religión.

Lo hizo con tal maestría, que logró la confianza de todos, creyeron en él, confiaron, lo promovieron, le dieron responsabilidades clave; sin embargo, al cabo de los años, se descubrió que solo era un farsante, un gran actor, un hipócrita. El daño estaba hecho.

Se hizo famoso en la historia de la humanidad por esa gran actuación y astucia para engañar, engañar y engañar.

Es por lo que ahora, al menos yo, utilizo el término Ketman para referirme a personas y líderes que basan su estrategia personal y laboral, (política, familiar, personal, etc.) en esa “pseudo filosofía”.

Seres humanos que viven de la apariencia, de la simulación, interesados en parecer y no en Ser. Personas que se venden como íntegras, comprometidas, creyentes, con altos valores, pero que atrás de esas máscaras, hay seres despreciables, incongruentes, mentirosos, simuladores, hipócritas, deshonestos, viles.

Un Ketman, crea un papel, una teatralidad, lo actúa con precisión milimétrica, aprende a mentir y aprende sus mentiras para poder repetirlas con precisión absoluta, porque puede cometer un error y ser desenmascarado.

Actúa, sonríe, aparente, demuestra lo que no cree, lo que no piensa, lo que no es.

Muestra amor y siente desprecio, muestra lealtad, pero es miserablemente desleal, dice blanco, pero piensa negro, sonríe de “dientes para afuera”.

Se auto atribuye valores, virtudes, humanismo esencial. Eso hace que los incautos le compren su papel, que crean en él, que confíen, que le den su lealtad, e incluso su admiración.

Creen tanto en su papel que ya no distinguen ellos mismos entre el verdadero y el falso, por eso son, falsificaciones baratas, engaños vivientes, fraudes éticos. Apariencias humanas de seres virtuosos, comprometidos, leales.

Nadie duda de sus habilidades, al menos un tiempo, porque son astutos, mentirosos profesionales, repetidores de comportamientos basados en la simulación.

Te dicen lo que quieres oír, hacen lo que te gusta, con tal de que les creas.

Pero aún los incautos, tarde o temprano (aunque a veces muy tarde), descubren la misera ética, moral, social de un (o una) Ketman.

Son desenmascarados, se descubre su herejía, su deslealtad, aparece con claridad el ser humano desvirtuado de sus virtudes, desnudo de sus apariencias.

Ese ser que te podía ver a los ojos sin parpadear, sabiendo que te mentía día a día, queda sin su máscara, y lo ilumina la luz de la verdad.

Sale a relucir la ponzoña, la mente podrida que a veces habita en un Ketman.

Cae por su propio peso. Se acaba su astucia para confundir, se agota su falsificación de identidad,

Un error, un desliz, un tropezón pueden ser suficientes para descubrir la esencia negra que hay atrás de esa bella máscara que se han puesto para venderse como seres inmaculados.

Ojalá nunca te tenga que decir Ketman.

Es mejor partir de la verdad y no de la falsedad.

En un programa de cambio cultural en una organización, lo último que se requiere son Ketmans. Todo lo contrario, se requieren seres comprometidos con franqueza y con entereza.

Es mejor decir, no comparto, no comulgo y abandono, que aparentar interés, compromiso y corazón.

¿Y tú? ¿Cómo quieres que te digan?, ¿Ketman? Porque si eres un Ketman, así serás tratado.


Más adelante, hablaremos de Ketman positivo y del Liderazgo comprometido, al que también podríamos llamarle, Agente de cambio.


Flavio Ruiz

Monterrey, Nuevo León. México



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